¡Qué alegría veros aquí!

Bienvenidos al blog del libro de Marta. En este espacio queremos informaros de todo lo que gira alrededor de este libro tan especial para nosotros. Para que podáis vivirlo tan de cerca como nosotros. También para resolver las dudas que os hayan surgido acerca de él.

Ante todo queremos agradecer la colaboración de todas las personas que lo han hecho posible, compartiendo sus cartas y, con ellas, parte de su intimidad.

Entre nosotros

Esta foto está tomada en la estación de Santa Justa, en Sevilla, hace sólo una semana. Es reconfortante encontrarse a Marta en tantos lugares -aquí entre Carol Wojtyla y Henning Mankell, entre gente tan distinta, como a ella le gustaba-. Comprobamos que podemos compartir su historia, que sigue llegando a los corazones de las personas. Vemos el libro y nos parece increíble. Gracias a todos vosotros, que también habéis vencido vuestras propias dudas, habéis abierto el libro, habéis intuido que en estas páginas había algo grande que descubrir y habéis querido compartirlo con nosotros. Feliz verano.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias a los que os decidisteis a publicar el libro y compartir a una magnifica persona con el resto del mundo, ha sido un placer conocer a Marta, aunque haya sido a traves de sus pensamientos, ideas etc. Y también gracias por este blog donde estamos un poco al dia de lo que pasa con este libro, yo por mi parte le sigo recomendando para que la gente empiece a disfrutar de las pequeñas cosas que nunca tenemos en cuenta. Vivimos en un mundo demasiado superficial...
En fin un saludo a todos en especial a los hermanos de Marta.
Maia

Belén Fernández dijo...

No sé explicar todas las sensaciones que me ha hecho y me sigue haciendo sentir el libro de Marta. Lo descubrí por una entrevista de S. José a Peridis, su padre, me estaba enganchando tanto lo que contaba que, al día siguiente, mi marido, que se había dado cuenta e intuía lo especial que iba a ser el libro para mí me lo trajo de regalo por sorpresa.
Yo soy del mismo año que Marta, 1973, y desde el principio del libro, todo me parecía familiar, sensaciones que yo habío vivido de igual forma o parecida pero expresados de una manera tan delicada, tan poética. Me parecía estar releyendo cosas de mi pasado, a pesar de tener una vida muy diferente a Marta, había algo que me conectaba a ella. Me dispuse a leerlo en pequeñas dosis, saboreando cada día el ratito que le dedicaba, queriendo avanzar sin parar y resistiéndome a la vez, para alargar el momento de llegar a la última página.
Creo que este libro ha removido algo muy fuerte dentro de mí. Considero a Marta mi amiga, es como si la conociera desde hace tiempo, he pensado en ella a menudo durante las tareas del día a día, he imaginado qué seguiría descubriendo sobre su vida en las páginas que me quedaban por leer, hasta guardar las últimas 50 páginas para saborearlas en un sitio especial, este fin de semana, en la playa, frente al mar, antes de la puesta de sol. Intuía que me iba a doler el final, el final de Marta, de ese ser excepcional. Qué injusta la vida, alguien que la vivía con tanta intensidad, sacando tanto de todo detalle, con tantas expectativas, tanta gente a quien hacer feliz con su modo de ser y vivir. Me llevaba a pensamientos injustos, en cierto modo, porque nadie merece morir tan joven pero menos aun quien disfruta tanto la vida y le sabe sacar tanto partido.
No sé si es María, su hermana, la creadora del blog, imagino que toda su familia maravillosa, contribuirán en él. Os doy las gracias por la idea del libro, por dejarme conocer a Marta, por sentir que la quiero, por esperar conocerla algún día allí donde todos nos reunamos al dejar este mundo. Este libro es regalo obligado para todos mis amigos, quiero extenderlo allá donde pueda para que todos se sientan igual de afortunados, conmoviéndose con sus páginas, riendo y llorando con él.
Gracias, gracias, gracias, mil gracias. Sentid que sigue viva en muchos de nosotros, anónimos que quizá nos cruzamos algún día paseando por Madrid con ella.
Ánimo y sentíos fuertes, orgullosos y felices por haber disfrutado a Marta, seguro que os sigue transmitiendo desde donde esté. Sus sentimientos nos unen a todos en una gran familia, yo me siento parte de ella.
Todo mi amor y gratitud para vosotros.
Belén F., 30 de julio de 2007.

Anónimo dijo...

Gracias Marta por provocarnos muchas sonrisas y no menos lágrimas. Gracias por este reencuentro, por tu intensa lucha, por tus temores, por tu felicidad y valentía.

Me alegró descubir que tú también disfrutabas escuchando a Ella Fitzgerald. Cada vez que hagamos sonar este CD, prometo compartirlo contigo.

Un besazo muy gordo a la gran familia de Marta. Merche y Nuria. Aguilar

Anónimo dijo...

Acabo de encontrar este blog y no sabeis la alegria que me ha dado.

Al igual que a Belén me encontré por primera vez con la historia de Marta a traves de su padre, el Gran Peridis en el Pais Semanal, en ese momento sabía que tenía que leer el libro y la semana pasada de forma casual en el Fnac de Callao (Madrid) lo encontré. Me llevé dos, uno para una amiga mia norteamerciana que le gusta leer en castellano y el otro para mi.

Lo que me ha hecho sentir Marta, tantas y tantas sensaciones, me ha hecho reir, llorar, pensar, he sufrido con ella, con sus dudas y miedos y por supuesto que la he entendido, me he sentido tan identificada en tantas cosas...lo que daría por poder conocerla, era y siempre será un ser excepcional.

Muchas gracias a su familia y amigos por permitir que el resto del mundo también nos podamos asomar un poco al rincón de Marta

Ana

JESÚS dijo...

Como soy un incondicional de la Fundación SMLAREAL, mi fiel amigo Jesús Medrano me ha prestado el libro de Marta.
Gracias a Peridis y familia por acercarnos a esta vida intensa y con la que nos identificamos varias generaciones. Hay mucha generosidad en el trabajo de recopilación que tanta añoranza y lágrimas habrán costado.
La vitalidad que transmite hace que nos sintamos compañeros de viaje por los mismos lugares y con las mismas neuras ; también nos acompañan la ternura, las penas, el amor, la amistad y la familia, los que se van y los que se quedan.
Estoy seguro de que Marta sería feliz al ver que esta obra coherente que habéis recopilado llega al corazón de todos los que la hemos leído, también estoy seguro de que se sonrojaría con el hecho de abrir su mundo a los extraños, pero también puedo asegurar que al final todos nos sentimos parte de su famila, de sus amigos, de su trabajo, y de su vida:

¡que sea una larga vida dentro de cada uno!

Jesús ,
Aguilar de Campoo , 16 de agosto de 2007

Anónimo dijo...

LA MEJOR VOZ DE MARTA.-
Han sido varios días de leer a Marta, de pensar en ella, de hablar sobre ella...
En las últimas y largas escaladas bicicleteras con mi fiel amigo Jesús Martín, nos ha acompañado esa imagen de Marta que enciende la contracubierta de su libro, sentada, feliz, como si los ángeles de la alegría tiraran de las comisuras de sus labios para dar comba a su sonrisa.
Y una mañana transparente atravesamos el aire de Valberzoso, donde descubrimos los colores cárdenos y púrpuras y rosados del brezo que da nombre al valle, el intenso amarillo de la retama y el "azul alto con nubes" - que diría un gran poeta palentino -, es decir, los colores de nuestra Marta; un territorio auroral que para nosotros ya siempre será "La ruta de Marta". Y nos comprometimos a escribir una nota en su blog.
Aun conociendo un poco a José María, extraña y conmueve este libro luminoso nacido en circunstancias extraordinarias: su impulso recopilador, su afán reconstructor y su aliento revivificador.
Esta capacidad deífica (crear y recrear, alumbrar y resucitar)la he encontrado recientemente en Julio Médem, con motivo de una entrevista sobre su última película que se estrena estos días. Dedicada a una hermana suya fallecida en accidente a los veintidós años, dice de ella Médem que "se mantenía muy niña, sin estar erosionada por la vida", que "pintaba sin tomarse muy en serio", que "plasmaba un carácter de una felicidad y un ánimo exuberantes" y que la película le sirvió a él "para recuperarse de un estado de ánimo muy bajo". Todo esto me parecía que hablaba también de Marta. Por eso esperamos esta "Caótica Ana", ansiosamente, como "la película de nuestra Marta", ¡tan cinéfila!
(En Casasola los ciclistas repostamos las botellas y quizá aliviamos un nudo en nuestras gargantas y un temblor pequeño en la voz).
Con todo no puedo olvidar el regalo esencial y sobrecogedor de esta escritura: la voz de Marta. Ella misma se confiesa reservada, "hay muchas Martas", dice en alguna ocasión. Pues bien, el milagro, su misterioso don, es que ella elige su mejor voz para manifestarse, la palabra espontánea, directa, coloquial, fresca, natural, sincera, vital, bien humorada, optimista, esperanzada... (faltarían adjetivos), la voz que es capaz de escribir, cuando ya conoce el nombre de su enfermedad: "Pero bueno, soy fuerte, muy fuerte y voy a salir de ésta como que me llamo Martiruli..."
El descenso de los bicicleteros por Nestar pide un café, mientras dejamos que la conversación vaya apagándose. Hay un escozor de ojos mal disimulado cuando los amigos nos miramos en silencio. Marta vive tan intensamente en nosotros que su libro no puede terminar en punto. Sino en lágrima.
JM(Aguilar)

Anónimo dijo...

LA LUZ DE MARTA.-
La tarde de septiembre trae ya claridad nueva. Desde la alta buharda de claraboyas abiertas, alguien alza la mirada del Libro de Marta, y la mirada se enrama y se eleva a una paz de lejanías azules.
Allá en el horizonte, cimero y galaico el sol se rinde en jirones rojos y recorta los picos infranqueables del Espigüete, del Curavacas (¡Ay, Marta, que no pararías de andar los montes si no se acabaran nunca!).
Más cerca, como sobre los tejados, la última hora blanca platea de perfil la casa con un codo en el risco, el sotillo ajardinado, las caleras ahora sofocadas. (¡Cuánto iluminabas todos estos mundos pequeños!).
El último destello de día toca también el Convento Caído y Levantado por aquellas manos que quieren reconstruir de nuevo piedra a piedra, página a página, el Monasterio sin monjes, el Libro de Marta…
Cuando alguien lee y relee esta historia de la felicidad, siente hondamente su prosa en flor, prosa de clara niña, de muchacha ofrecida en palabras rectas, de mujer dentro de un alma. Por eso son páginas que impregnan al lector, le cambian su visión del mundo y le invitan al gozoso instante. Pueden ser sus tonos rojos, azules o amarillos, pero son siempre palabras blancas, muy blancas.
Alguien presiente el crepúsculo y sabe que donde mejor se escucha la fuga del día es en el Monasterio. Hasta allí se acerca con su libro junto al pecho, como un mostense que abraza su breviario esperando una epifanía.
El Monasterio tiene el rumor de su álamo, el murmullo de su arroyo y el silencio vibratorio de su interior. Todos ellos compañeros de las edades de Marta. Todavía alientan con su pulso cuando se anuncian invisibles sus pasos. Comparten un secreto.
Dentro del recinto, en el claustro alto, parecen oírse risas joviales. ¿Quién acompaña a Marta? Grave y profundo, Santiago señala un capitel. Ursi calla, entre burlón y atento. Aquí tienes que ocuparte en algo o tu padre nos regañará, dicen. ¿No vas a aprender nada? ¿No quieres ser nada?, dicen.
Quiero ser luz, revela ella su secreto. Luz dulce de Marta, piensa alguien mientras regresa.

Anónimo dijo...

Muchas gracias a la familia de marta por hacerme el regalo de poder leerla....
Se ve el cariño que tenia a la vida y a todos sus allegados,con el libro he tenido muy buenas sensaciones y muchas ganas de saborear esos pequeños detallesque nos rodean que muchas veces no tenemos en cuenta! Y sobretodo y sobre todas las cosas.El amor.Que nunca deja de ser....
Gracias a toda su familia y Gracias marta!

María García dijo...

La palabra que me sale de dentro si tuviera que describir el libro es gracias. Gracias a los familiares, a los amigos, a los conocidos y sobre todo a los que han hecho posible la existencia de este libro.
Descubrí este libro por casualidad. En un viaje a mis padres y amigos, cuando volvía a Barcelona. Lo compré en la estación del tren. Había llevado un libro con un título precioso para el trayecto, pero resultó bastante decepcionante. Así que aunque los libro s me gusta comprarlos en mis librerías de siempre, como medida de urgencia me acerqué a la papelería de la estación. Leí la contraportada y viendo que se trataba de la hija de Peridis, del que soy una gran fan, lo compré.
Yo soy 5 años menor que Marta, pero me he sentido tan reflejada y he visto relatados tan bien muchas experiencias, vivencias, pensamientos… Sobre todo lo que me emocionaba hasta hacerme llorar cada vez que leía sus cartas era la delicadeza con la que conseguía comunicarse con sus seres queridos. La ternura como se dirigía a ellos y les explicaba su día a día, sus inquietudes. Ese don de la comunicación que tanto nos cuesta conseguir para expresarles a aquellos que estimamos, lo que sentimos por ellos. Ya sea bien cariño, preocupación y hasta en caso de ser necesarios un pequeño reproche realizado desde la ternura.
He tratado de alargar el libro todo lo que podía para saborear cada una de las páginas, para poder hacerlo mío. Repensando sus experiencias, en la coincidencia con las mías. Y creo que ha conseguido que me conozca un poquito más a mí misma. Leí en una entrevista a su padre que este no era un libro de autoayuda. Desconozco la descripción de este tipo de libros y de cómo son. Pero para mí, sí ha sido un libro de autoayuda. Me ha ayudado a valorar lo que tenemos y a veces o no apreciamos por cotidianas o no le se lo damos en su justa medida. A aprehender cada instante que nos hace feliz. Y a decirle a la gente que nos quiere lo que sentimos por ellos. Todos los libros que nos dejan huella, son un poco de autoayuda, porque nos han removido algo por dentro.

He parado de leer este libro en el momento que se le detecta el cáncer. A diferencia de Marta yo no tengo esta valentía que según los comentarios ella tuvo. Todavía me cuesta asumir ciertas experiencias con el tema del cáncer, pero espero pronto poder llegar a cerrar el libro de Marta leído en su totalidad. Quizás mañana, dentro de una semana o un mes.
Pero sobretodo me quedo con la enorme vitalidad, ilusión y fuerza de Marta. Una persona maravillosa que a partir de la publicación de este libro pasará a formar parte, seguro, de la vida de todos los lectores.
De nuevo: GRACIAS
María García

* Esta foto...

...es de un sitio maravilloso entre los acantilados del mar Cantábrico y las montañas de Asturias, que tanto quería Marta. Pintamos tres piedras con los colores rojo, azul y amarillo, y las dejamos allí la mañana en la que esparcimos sus cenizas.

La idea del libro

La idea del libro, indirectamente, fue de Marta. Ella comenzó a dictar, en el hospital, lo que iba a ser una novela más o menos autobiografica. Solo le dio tiempo a dictar el principio a su madre, y el final, a su novio. El resto lo dejó incompleto... o eso pensamos al principio, hasta que después de que surgiera la idea de juntar sus cartas, emails y sus diarios nos diéramos cuenta que ya había narrado poco a poco, la totalidad de su vida. Al principio sólo queríamos editar unos cuantos ejemplares para la familia y amigos, para poder conservar su memoria y así recordarla en toda su esencia. Lo que en ningún momento se nos pasó por la cabeza fue que nos íbamos a encontrar un libro que teníamos que compartir. Y éste es el resultado.

El porqué del título del libro

“Una piedra roja, una piedra azul, una piedra amarilla” es la frase con la que Marta había pensado terminar un relato sobre su vida. Estas palabras tienen sentido a través de una anécdota que su amiga Jara nos contó algún tiempo después de que Marta nos dejara. En unas vacaciones que compartieron en la playa de Lagos (Bueu), se divertían observando las figuras que las piedrecillas de colores formaban al adherirse a su piel. Para Marta esto era una metáfora de cuánto nos puede hacer disfrutar algo tan sencillo, que como tantas otras cosas en la vida, pasan fácilmente inadvertidas. Esto es lo que, en definitiva, intenta transmitir el libro: una oda a las pequeñas cosas.

(la foto es de las sandalias de Marta en la playa de Lagos)

Las palabras de:

JOSÉ SARAMAGO

Estas páginas son un retrato moral. Publicarlas es el mejor homenaje que se le puede rendir a ese ser humano realmente excepcional, realmente extraordinario, que se llama Marta Pérez Martín. A alguien que ha callado para siempre, este libro le ha restituido la voz, y no solo la voz, también una otra forma de presencia, una memoria activa, casi una respiración. La mujer que escribió estas cartas no era una persona común. No llegué a conocerla en vida, la conozco ahora. Sé que volveré a leer lo que Marta escribió durante su enfermedad: pocas son las veces que nos encontramos ante un ejemplo tan cabal de valentía y de dignidad.

JOSÉ LUIS SAMPEDRO

Marta vivió con prisa para vivir mucho y ardió en una llama que sigue iluminándonos. Entre miedos y audacias avanzó sonriendo imperturbable, conquistando altas cumbres y afectos verdaderos. Siguió sonriendo mientras el dios de sus amadas montañas se la llevaba más allá de las cumbres.

ANDRÉS TRAPIELLO

Decía Cervantes: “lo que se sabe sentir, se sabe decir”, y sentido y vivido está este libro como pocos. Todo su misterio es la naturalidad con que está escrito. Su naturalidad y su fe en la vida. O sea, su hondísima alegría.

ALFREDO CONDE

Ayer por la noche comencé a leer el Diario de Marta y conmocionado por su lectura dormí soñando con él. El texto descubre a un ser humano excepcional. Por los valores que transmite, entre ellos el literario, debéis editarlo, debéis editarlo para más gente que para vosotros.